El Racismo

Todos los africanos mayores de 16 años estaban obligados a llevar encima del pase para nativos, expedido por el Departamento de Asuntos Nativos, y tenía la obligación de enseñarlo a cualquier policía, funcionario o empleado blanco que se lo pidiese”, cuenta Mandela en sus memorias. En caso de no hacerlo, le esperaba un arresto, una multa, una paliza o quizás la cárcel, quién sabe, dada la arbitrariedad  del sistema. En dicho pase constaba dónde vivía el portador, de qué jefe dependía, y si había pagado o no sus impuestos. Además, si la persona se encontraba fuera de su área de residencia, tenía que tener la firma del ‘jefe de zona’, autorizando dicha salida.

Aquel día,cientos de engros se manifestaban frente a comisaría y quemaban sus pases ante los policías. El asunto podía haber terminado con unos golpes y varios arrestos, como casi siempre, pero aquel día las cosas se fueron de las manos a los policías que custodiaban el recinto y 69 personas resultaron muertas, en su mayoría por tiros en la espalda, recibidos mientras huían. Otras 100 fueron heridas y decenas vieron cómo sus familiares y amigos eran asesinados a sangre fría. 

Al tener noticia de los sucedido, el Gobierno no pareció preocuparse lo más mínimo, y alabó la actuación de sus fuerzas policiales, alegando que era necesaria mano dura para evitar que los ‘elementos rebeldes’ contagiasen a los ‘buenos bantúes’.

Los negros, en cambio, reaccionaron de la única forma en la que podían: con más manifestaciones, huelgas y boicots, una oleada que sorprendió al Ejecutivo y ante la cual declaró el Estado de Emergencia, suspendió la mayoría de los pocos derechos civiles que les quedaban a los negros y, unos días más tarde, declaró organizaciones ilegales al CNA (Congreso Nacional AFricano) y al PAC (Pan African Congress). Desde entonces, tan sólo el hecho de ser miembro de uno de estos dos partidos políticos era penable con penas de cárcel. A sus miembros no les quedaba otra opción que pasar a la clandestinidad o salir fuera del país para fortalecer la organización en el exterior.

Ante esta situación, la matanza de Sharpeville iba a significar sobre todo un cambio de concepto y mentalidad en el Congreso Nacional Africano, la principal fuerza opositora al régimen. Hasta entonces, sus dirigentes habían optado siempre por la vía pacífica, pero después de esto, muchos expresaron con determinación que la única salida posible era la lucha armada. Entre ellos se encontraba Nelson Mandela, que unos años después se convertiría en líder del partido y responsable del brazo armado del CNA, el Unkhonto we Sizwe (La flecha de la nación), más conocido como el MK.

Pero dentro de la desgracia, algo pareció cambiar aquel día. En esta ocasión, sí, por fin, los periódicos sudafricanos se atrevieron a publicar en sus portadas la masacre de Sharpeville. Y en los días posteriores, fueron los diarios internacionales quienes los llevaron a las suyas, haciendo partícipe al mundo, casi por primera vez, de lo que está pasando en Sudáfrica. Y no sólo eso, sino que esta vez hasta el Gobierno de Estados Unidos protestó y cientos de personas se manifestaron en Londres exigiendo el fin de la impunidad.  Además, los países africanos que ahora comenzaban a independizarse, mostraron toda su solidaridad con los negros sudafricanos, que vivían todavía en condiciones de semi-esclavitud.

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